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” preguntas por qu compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir”. La frase de Confucio bien puede resumir la fusi entre Valencia, tierra de arroz, flores y fuego, y los m de 20.400 chinos que ya habitan con sacrificio e ilusi en nuestra regi Esos tres elementos nos unen y nuestros vecinos de ojos rasgados, que recientemente celebraron la entrada del A de la Cabra, ya suman tres generaciones en tierras valencianas: los que llegaron con el cambio del milenio, sus hijos y sus nietos. Caminan por una educaci occidental y plenamente integrada, pero conservando ciertas esencias orientales.

Seg Pep Buades, director de la Fundaci Ceimigra, “ya se empieza a hablar del concepto amarillo por fuera y blanco por dentro” para definir a ese joven que, a diferencia de sus padres inmigrantes, ha nacido en Espa tiene un buen pu amigos espa y ha roto por completo la barrera ling Vicent Andreu, director del Instituto Confucio de Valencia, confirma que esa “integraci es la tendencia m significativa en una regi donde la comunidad china lleva quince a de ascenso imparable. A nivel demogr y a nivel empresarial.

Lo confirmamos con un paseo por la peculiar y colorida China Town en que se han convertido las c Convento Jerusal Matem Marzal y Pelayo. Junto con el pol de Manises y algunas zonas de Ruzafa, es el n principal de la comunidad china en Valencia.

El estereotipo de chino cerrado, huidizo y sin casi conocimiento de espa se descompone. La joven Marta Xiao, una china cat de 24 a atiende con diligencia el sal peluquer que lleva su nombre. Viste a la moda oriental: peinado liso y tintado, abrigo abombado, minifalda y botas con plataforma de v “Soy hija de un cocinero. Llegu con 12 a por un reagrupamiento familiar, he estudiado en el cole Blasco Ib y tengo muchos y buenos amigos espa describe.

Ese compromiso tan chino con la familia le apart de los estudios universitarios. “Ten que ayudar en el restaurante”. Ahora, con precoz olfato empresarial, lleva adelante su negocio peluquero, se ha casado y es madre de los peque Erik y Willy. Sus gustos se han adaptado, en parte, a la espa “Me encantan las Fallas, la paella con ternera china y el marisco a la plancha. Pero no me saques caracoles que los odio”.

Aunque algunas cosas cambian, el sacrificio por el trabajo sigue siendo una costumbre que pasa de padres a hijos. ” Tengo muy poco tiempo libre. Algo de gimnasio, baloncesto.”. Marta es consciente del cambio generacional: “Los primeros inmigrantes chinos eran m cerrados que mi generaci Los hijos hemos ampliado las miras. Yo no pienso orientar a mis hijos hacia el negocio familiar, cuando tengan 18 que hagan lo que quieran y se casen con su amor, sea espa chino o de donde sea.”, razona.

En opini de Buades, la paulatina integraci china tambi guarda relaci con la “enorme diversificaci de sus negocios en los a algo que cada vez atrae a m clientes espa Lo constatamos en la peluquer Carolina, donde trabaja Hai Yanye, de 40 a casada, y madre de una hija que estudia en Santo Tom de Villanueva (Padres Agustinos). Seg datos del Ministerio de Educaci en la Comunitat Valenciana hay alrededor de 3.000 ni de origen chino escolarizados. La mayor suelen ser muy buenos estudiantes.

Hai repasa el tinte de una mujer espa de avanzada edad. Cabellos de una espa del barrio en manos chinas. “Me lo dejan de maravilla, y muy bien de precio. Son muy buenos peluqueros”, constata. La mujer lleva ya doce a en Valencia y en ese tiempo ha logrado perfeccionar el idioma. Como otros muchos de su nacionalidad, reconoce sin tapujos que los verbos y las conjugaciones le resultan “muy dif Adem del idioma espa sus horas en la academia han fomentado la relaci con otros espa tanto entre el profesorado como con los alumnos.

La mujer admite que tiene “muy poco tiempo de ocio”. Y el escaso espacio personal que le deja su trabajo lo dedica a su hija o a viajar para reunirse con algunos miembros de su familia que siguen en China. Pese a pasar un cuarto de su vida en Valencia, sus gustos musicales siguen fieles al pop chino, la misma m mel pegadiza y chisposa que acompasa sus tijeretazos.

Sus gustos alimenticios s se han con el tiempo y se declara “fan” de la paella, el jam serrano y el pescado. “Quien se piense que los chinos s comemos algas, arroz y cosas de nuestras tiendas se equivoca. Algunas cosas s pero la mayor parte de la compra la hacemos en Mercadona o Consum, como todo el mundo”, relata.

La pirotecnia y el fuego son dos elementos comunes que est ayudando a estrechar lazos entre chinos y espa Los ni por ejemplo, adoran lanzar petardos. Muchos peque pasan largas horas al lado de sus padres en los comercios y la calle o la trastienda acostumbra a ser, en muchas ocasiones, su espacio de juego o estudio mientras sus progenitores atienden el negocio. “Mi hija ya quiere ser fallera con seis a asegura la peluquera de Convento Jerusal de 28 a atiende una tiendecilla de alimentaci a rebosar de productos t chinos. Un espa le dice que se cobre una inmensa bolsa de algas y dos grandes botellines de salsa de soja. “Lo que m nos compran los espa son los fideos instant asegura mientras sostiene a su peque de once meses con un brazo y reparte el cambio con la mano libre.

La jornada en un ultramarinos chino de barrio suele comenzar sobre las diez de la ma y se prolonga hasta casi las once de la noche, sin interrupci y con comida in situ, bien cocinada en la trastienda o tra de alg negocio pr Lin lleg hace dos a a Valencia con su marido. Su espa todav flojea. A diferencia de los hijos de inmigrantes chinos, su destino no contempla el estudio m all del aprendizaje de espa costumbre que se ha generalizado en toda la comunidad china. “Cuando puedo veo alguna pel americana en espa Es el cine que m me gusta”, expone. La barrera del idioma marca tambi su circulo de amistades, esencialmente chino.

Cerca de su tienda se encuentra una parafarmacia regentada por chinos. En la puerta, tres ni toquetean entretenidos una tableta. Sale a recibir Susana Xieng, atareada entre clientes y proveedores. Lleg con su esposo a Valencia a finales de los 90 y ha echado ra en la ciudad, primero en un restaurante y ahora en la farmacia. “Mucho mejor trabajo este”, se sincera.

Procede de Zhejiang, provincia de la que partieron un buen n de chinos asentados en Valencia y sus familias. A preguntas sobre la integraci de sus hijos, Sof Elena y Cheng. Para responder saca su IPhone de generaci y muestra una foto de la peque Sof vestida de fallera. “Mira qu guapa. Es en Almussafes, con el traje que me dej una amiga”.

En opini de Buades, la comunidad china “ha sabido capear muy bien la crisis econ con su modelo de trabajo intensivo familiar”. Tambi han contribuido sus productos y servicios de bajo precio en una de bolsillos vac y su gran capacidad de sacrificio, apoyo mutuo y readaptaci a nuevos negocios en caso de fracaso.

El responsable del Instituto Confucio habla de una clara divisi en la nueva generaci de hijos de chinos. “Por un lado est los que siguen con el negocio familiar o emprenden uno propio tras acabar el colegio y otros que se lanzan al camino universitario, habitualmente en carreras casi siempre t o sociales”, describe Andreu.
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